Estado del bienestar


An ATTAC stall at the Volksstimmefest, Vienna,...
Image via Wikipedia

Por Manuel M. Navarrete

Leo en comunicados de la izquierda oficial (e incluso en comunicados de sectores de la izquierda extraparlamentaria) una defensa del “Estado del bienestar” que me parece muy peligrosa. Y no por una cuestión de purismo, sino, sencillamente, por una cuestión de internacionalismo. Una cosa es defender con uñas y dientes las reformas logradas (cosa en la que todos estamos de acuerdo) y otra muy diferente aceptar, como paquete, como proyecto, eso que vino a llamarse “Welfare State” y que, por decirlo claramente, sólo fue posible sobre la base de la explotación del Tercer Mundo.

Es obvio que defender el Estado del bienestar implica abandonar la perspectiva de Rosa Luxemburgo, en la cual la reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio hacia la revolución. Pero implica, además, una grave incomprensión del carácter de clase del Estado, precisamente en un contexto histórico en el cual dicho carácter ha quedado meridianamente claro. De nuevo, sólo un punto de vista internacional puede ayudarnos a comprender la realidad, al constatar que fue la correlación de fuerzas a nivel mundial la que, tras las revoluciones socialistas y los movimientos de liberación nacional, invitaba a los capitalistas a efectuar concesiones y políticas preventivas. Ahora, una vez derribado el campo socialista, sobornados los sindicatos y desarticuladas las organizaciones obreras en todo el mundo, el capital ejecuta su contraofensiva.

“El pacto del euro seguirá premiando a quienes provocaron la crisis”

http://www.youtube.com/watch?v=I8LbkME6mAA&feature=share

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Sin embargo, la socialdemocracia, a pesar de estar recibiendo su refutación más definitiva por parte de los propios hechos, vuelve a ponerse de moda. ¿Para qué colectivizar los medios de producción, intercambio y distribución? Basta con resucitar el “modelo social europeo” (como sugiere CCOO), incrementar los impuestos directos así como su progresividad (como sugiere Vicenç Navarro) y, como mucho, crear “una” banca pública -sin nacionalizar, faltaba más, la privada- o alguna especie de Tasa Tobin (como sugiere ATTAC).

¿Problema? Que, en un capitalismo globalizado, los neoliberales tienen la razón: si haces eso, Moody’s rebaja tu rating, tu deuda se incrementa automáticamente y las empresas, simplemente, se deslocalizan y se van a otro país donde encuentren condiciones más ventajosas, hundiendo tu economía. La socialdemocracia, sencillamente, ha devenido imposible. Por eso hoy día los reformistas son más utópicos que los revolucionarios: una salida de izquierdas para la crisis es imposible desde un punto de vista estrictamente técnico y sin abandonar el sistema económico capitalista.

Pero sobre todo, por otro lado y volviendo al principio, el proyecto del Estado del bienestar no puede separarse de su carácter imperialista, ya que las concesiones en las metrópolis del Primer Mundo están estrechamente ligadas a la sobreexplotación histórica de las neocolonias. Dicha explotación ha financiado, en última instancia, la “economía social de mercado”, al producirse una redistribución internacional de salarios entre los explotados. A consecuencia de dicha redistribución, los trabajadores del Primer Mundo se han beneficiado objetivamente de la explotación de sus equivalentes en el Tercer Mundo. Ya lo dijo el Che Guevara en “El socialismo y el hombre en Cuba” : “Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país”.

Si el nivel de vida no se calculara dividiendo el PNB de un país únicamente por el número de habitantes del mismo, sino que en el denominador ubicásemos a todos los habitantes de otros países que, de un modo u otro, han contribuido a su riqueza, las estadísticas de los países imperialistas no serían tan halagüeñas. Por eso, abandonar la perspectiva mundial del proceso de explotación capitalista supone enmascarar el funcionamiento real del sistema.

La escuela mercantilista afirmaba que “el enriquecimiento de una nación sólo se puede hacer a costa del empobrecimiento de otras”. En realidad, el mercantilista concebía la riqueza únicamente en forma de metales preciosos, que, obviamente, sólo podían incrementarse atesorándolos en el extranjero. Sin embargo, el concepto de riqueza actual no sufre una menor escasez que el de los mercantilistas. De hecho, en la siguiente dirección, http://www.footprintnetwork.org/new

…, puede descargarse en lengua castellana un estudio del Global Footprint Network (California) que analiza la Huella Ecológica del ser humano. Este estudio concluye que el nivel de consumo por habitante promedio de Estados Unidos y Europa es imposible de generalizar a toda la población del planeta, porque serían necesarios, respectivamente, 5’3 (EE UU) y 3 (UE) planetas Tierra para ello.

La genealogía de esta situación de privilegio tampoco es ningún misterio, ya que figura en los libros de historia. Los países que experimentaron la revolución industrial acudieron a los países precapitalistas por necesidades comerciales, para extraer sus materias primas y para absorber mano de obra barata. A pesar del transcurrir de los siglos, las antiguas colonias, siempre retrasadas en la carrera tecnológica, sólo han logrado especializarse en las líneas de producción que eran desmanteladas en las metrópolis, generando una nueva dependencia del equipo extranjero.

La herencia histórica del imperialismo ha conllevado la expoliación de los recursos naturales de las neocolonias por parte de compañías extranjeras, que además evaden los beneficios obtenidos y los reinvierten en la metrópolis; la distorsión de la estructura económica mediante la imposición del monocultivo; el intercambio desigual, debido a que los precios de los productos que exportan los países subdesarrollados tienden a deteriorarse, mientras los precios de sus manufacturas importadas crecen sin cesar; la deuda externa, a base de créditos con elevados tipos de interés y condicionados a las privatizaciones que fija el FMI…

El filósofo Carlos Fernández Liria, observando las fronteras y las leyes de extranjería, escribió que los ministros de economía europeos proponen “que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez más altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra solución final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las víctimas, nos encerramos nosotros a salvo del arma de destrucción masiva más potente de la historia: el sistema económico internacional”.

Y esa es la clave. Naturalmente, debemos enfrentarnos a cualquier recorte social. Pero defender el “Estado del bienestar” es defender un proyecto político muy determinado, lo que nos convierte en los cómplices progresistas del “Auschwitz invertido” del que hablaba Fernández Liria. Porque el Estado del bienestar es un proyecto contrarrevolucionario de una clase dominante que, atemorizada por las revoluciones del siglo XX, sobornó a la clase trabajadora del Primer Mundo para que siguiera callando ante la explotación del Tercero, abandonando toda perspectiva global y los principios del internacionalismo.

http://alumnosdevictoriakent.blogspot.com/2011/04/historia-del-neoliberalismo-argumentos.html

http://www.elconfidencial.com/espana/2011/08/03/los-indignados-toman-otra-vez-madrid-tras-el-desalojo-policial-de-puerta-del-sol-82277/

http://es.wikipedia.org/wiki/Huella_ecol%C3%B3gica

‘Es muy difícil que una persona vea algo cuando su sueldo depende de que no lo vea’

La crisis internacional que estamos atravesando expresa graves fallas sistémicas en la forma de funcionar de los países centrales. Es el corazón del sistema global el que está fallando y procura protección para no ser arrollado por las mismas fuerzas que ayudó a desatar. Lo acontecido aparece como un tsunami financiero creado no por la naturaleza sino por la forma como hemos decidido organizarnos y funcionar. Sin embargo no vale engañarnos: hay otras causas estructurales adicionales más allá de las financieras. Hoy el desafío es lograr que las medidas de emergencia puedan facilitar el inicio de cambios fundamentales; recomponer el funcionamiento sistémico tal cual era antes de entrar en cortocircuito y desbarrancarse sería la peor de las alternativas.

Necesitamos reflexionar y revisar conceptos aún aquellos más consagrados; reconocer la realidad de los procesos en curso y apartarnos de predicamentos dogmáticos. Es hora de revisar a fondo el “contrato global” reconociendo la lógica que lo sustenta y los efectos no previstos de su forma de funcionar. Aún cuando hay mucho por transformar y ajustar también existen activos que vale preservar; no ayuda arrojarse de un extremo al otro del péndulo.

Para comprender plenamente lo sucedido es necesario considerar las externalidades no deseadas del presente sistema económico mundial; reconocer cómo se han generado, ver cómo abatirlas y evitar que puedan reproducirse. Las externalidades no deseadas están presentes en la crisis sistémica y también en la eventual transición hacia un mejor funcionamiento sistémico; condicionarán los nuevos acuerdos requeridos para rediseñar la arquitectura financiera y reorientar la economía real.

La pata financiera de la crisis

Pareciera que la crisis es de orígen financiero y que si se reformase el sistema financiero la crisis retrocedería hasta desaparecer. Esta es una verdad a medias. Es cierto que el sistema financiero se salió de madre, se alejó peligrosamente de la economía real hasta creerse la locomotora y el piloto de la economía global. El movimiento de flujos financieros adquirió una magnitud fenomenal. En tiempo real un click de computadora moviliza mares enteros de recursos de un punto a otro del globo. Los operadores financieros que en un origen tenían puesto un ojo en sus negocios financieros y el otro en la economía real, pusieron luego los dos ojos, sus oídos, su olfato y su intuición en sólo obtener resultados de jugadas financieras cada vez más sofisticadas. Se fueron así distanciando los espacios financieros de sus anclajes en la economía real. La codicia y el facilismo, el ganar el milésimo que multiplicado por miles de millones conformaron fortunas instantáneas, se sumaron a los factores que encaminan el proceso en dirección al abismo.

Los reguladores, por su parte, no supieron o quisieron cumplir su papel de control y de alerta; primó la creencia que el mercado podía autoregularse y que si llegara a acontecer un desborde surgirían endógenamente los mecanismos correctivos. Pero el mercado se desbordó y no aparecieron mecanismos correctores sino de la mano de la autoridad política y con altísimos costos sistémicos.

El desbocado sistema financiero deviene una de las causas estructurales de la crisis pero su génesis e implosión están asociadas a otro crítico rasgo estructural de la forma de funcionar de los mercados: los extendidos procesos de concentración de ingresos y de riqueza, tanto entre países como al interior de cada país.

Aquel desestimado proceso de concentración de la riqueza

a. Entre países

Las abismales diferencias económicas entre países generan todo tipo de antagonismos, conflictos que sufren quienes compiten con desventaja, imposiciones sustentadas en diferencias de poder, reacciones virulentas, represión, castigos, corrientes demográficas no deseadas, homogeneización del pensamiento con epicentro en los países centrales que limita la capacidad de apreciar diferencias y empobrece las respuestas.

El proceso de concentración internacional de la riqueza genera mercados sobresaturados de consumo conspicuo y mercados empobrecidos con bajos niveles de satisfacción de las necesidades básicas de su población. Entre esos polos aparecen países intermedios con una diversidad de niveles de vida y de consumo. Cuando al interior de los países centrales se producen serios estrangulamientos por una oferta productiva que no cesa de crecer y que depende para sostener ese crecimiento de una demanda que no acompaña porque está fuertemente concentrada, el funcionamiento sistémico bracea en búsqueda de soluciones coyunturales que le permitan proseguir con su estructura intacta. Ese tipo de soluciones que facilitan el acceso al consumo pero no a los ingresos (implicaría tocar la estructura distributiva) requieren un sistema financiero que empuje todo lo que pueda los límites de viabilidad del proceso concentrador; actúa como un efímero dique que intenta contener los efectos que se desprenden de la forma sistémica de funcionar.

Mientras esto ocurre en países centrales algunas de las grandes economías emergentes introducen ajustes estructurales que les permiten alcanzar robustas tasas de crecimiento. Países como China, India, Brasil y las dinámicas economías del sudeste asiático ocupan posiciones globales preponderantes, acumulando abultados superavits comerciales y financieros. En esa coyuntura, al postergar las economías centrales ajustes sistémicos que pueden resolver sus desbalances estructurales, arriesgan no poder conservar roles de liderazgo global y afectan en el corto o mediano plazo al resto de países.

b. Al interior de los países

Al interior de las economías emergentes las desigualdades derivadas de un proceso concentrador se expresan en una extendida pobreza, una precaria institucionalidad, un débil aparato productivo, frecuentes estrangulamientos externos y en la fragilidad de su mercado interno, factores que actúan desestabilizando el funcionamiento sistémico y generando periódicas crisis de carácter funcional y estructural.

Como se señaló, las economías centrales tienen mayores recursos y pueden contener por un tiempo los efectos negativos de la concentración económica en su propia economía; sin embargo, si ese proceso no es revertido los efectos encuentran de todos modos la forma de expresarse.

La lógica económica hace que, cuando crece sostenidamente la producción y se concentra la riqueza, se produzcan desajustes estructurales. Lo que produce el aparato productivo se orienta, por un lado, a satisfacer a los sectores que se benefician de la concentración pero, como esta demanda es insuficiente para absorber el conjunto de la oferta, procura también encontrar mercados en sectores no favorecidos. Aquel segmento de la oferta orientada a los consumidores afluentes no puede crecer sino promoviendo el consumo superfluo; en cambio la oferta orientada al resto de la población depende que puedan establecerse mecanismos que faciliten su consumo más allá de sus posibilidades económicas. El sistema financiero, que es parte esencial del sistema económico, se desarrolla acorde con esas circunstancias y crece explosivamente en base a “soluciones” que logra aportar a ese funcionamiento sistémico de naturaleza concentradora: recicla recursos excedentarios en colocaciones financieras y provee financiamiento para un consumo que con sus propios recursos no podría expresarse en el mercado. Es penoso pero aleccionador seguir los efectos del proceso concentrador que se filtran como lava a través del sistema económico hasta llegar a desembocar explosivamente en una crisis sistémica.

Una peligrosísima combinación de fenómenos

El consumo superfluo es una de las formas que tienen los sectores afluentes de aplicar los recursos que exceden la satisfacción de sus necesidades básicas. Pero no son sólo ellos los que caen en ese tipo de consumo; también participan los sectores medios y bajos con acceso a financiamiento. A través de una agresiva publicidad el mercado procura constantemente expandir el límite de lo que los diferentes grupos sociales consideran como necesidades básicas, generando artificialmente una insatisfacción casi permanente que deriva en consumo al entrelazarse hábilmente con complejos aspectos de ansiedad existencial. La enorme masa de consumo conspicuo tiene efectos sistémicos perversos ya que sostiene un nivel de producción que no se condice con la estructura distributiva prevaleciente (recalentamiento financiero por sobrendeudamiento); además orienta una buena parte del aparato productivo a producir esos bienes o servicios superfluos consagrando una estructura subóptima de asignación de recursos y sumando interesados en sostener el proceso de concentración.

Los recursos excedentarios de los sectores beneficiados por el proceso concentrador se colocan en inversiones financieras o en la economía real que, al madurar, refuerzan la concentración. La aplicación de recursos sigue criterios de rentabilidad y de riesgo; esto es, sea directamente o a través de entidades intermediarias, buscan colocaciones que aseguren la mayor rentabilidad posible dado un cierto nivel de riesgo aceptado. Estos criterios de riesgo y rentabilidad no están en general asociados con otros de impacto social y ambiental de la inversión1, lo cual evidencia que no existe aún un mecanismo sistémico capaz de asegurar el mejor uso global de los ahorros disponibles. Como cada opción de colocación de recursos compite con otras, se da una pugna por atraerlos. Parte de esa pugna es legítima y se basa en aprovechar innovaciones y en ser más eficientes que la competencia; pero otra parte es ilegítima y se sustenta en (a) maximizar retornos en base a información privilegiada, a posiciones monopólicas, a lucrar con corrupción, sistemas delictivos, explotación de fuerza de trabajo, destrucción del medio ambiente, conflictos bélicos, etc, y (b) en esconder los riesgos y responsabilidades a través de complejas operaciones y cadenas de intermediación y derivación.

Como se señaló, el proceso concentrador genera también una brecha entre la demanda efectiva de sectores poblacionales medios y bajos y la oferta de bienes y servicios a ellos dirigida. La forma sistémicamente más apropiada de cerrar esta brecha estructural sería desmontando el proceso concentrador y facilitando el desarrollo de una demanda genuina sustentanda en sus propios recursos. Cuando esto no sucede y el crecimiento del aparato productivo exige la contraparte de una demanda que no logra acompañarlo a una tasa semejante, se crean condiciones para que el sistema financiero busque expandir esa demanda más allá de su capacidad de pago. De ahí a generar el sobrendeudamiento de los consumidores hay un solo paso; la burbuja de hipotecas subprime es quizás el más dramático pero no el único ejemplo de este proceso perverso.

La conjunción entonces de un proceso estructural de concentración de la riqueza que se refuerza a sí mismo, la consecuente expansión tanto del consumo conspicuo como del sobrendeudamiento de consumidores de rentas medias y bajas, sumado a un segmento del sistema financiero que, con sofisticada codicia, sostiene artificialmente la situación más allá de los duros límites impuestos por el funcionamiento concentrador, explican la lógica que conduce a la crisis. Por cierto que las trayectorias específicas hacia la crisis son mediatizadas por circunstancias históricas e institucionales que difieren de lugar en lugar.

La emergencia y la salida de la crisis

Se repite una y otra vez que cuando se incendia tu casa lo primero que hay que hacer es apagar el fuego. La alegoría tiene su trampa porque sugiere que lo único que es posible hacer en una emergencia es atacar como mejor se pueda el fuego destructor; más tarde habría tiempo para descubrir su origen y reconstruir lo que fuese necesario reconstruir. Pero ocurre que cuando lo que se descalabra es un sistema, las imprescindibles medidas de emergencia debieran plantearse junto con rápidos ajustes en el funcionamiento de ese sistema so pena de apagar apenas un foco de incendio para que otros emerjan en lugares y momentos inesperados. En definitiva, lo que se quiere explicitar es que las necesarias medidas de emergencia debieran traer en su seno el germen de los ajustes sistémicos.

Ocurre que no hay una sóla forma de encarar una emergencia sistémica y la peor de todas es aquella que permitiese recomponer el funcionamiento sistémico tal cual era antes de entrar en cortocircuito y desbarrancarse. En próximas entregas de Opinión Sur procuraremos precisar algunas de las características de una salida a la crisis que fuese capaz de ir configurando un más justo y eficaz funcionamiento sistémico.

La esquizofrenia tiene esa virtud de hacerte ver lo que los demás no ven y aislarte del mundanal ruido para elaborar teorías geniales. Según el “equilibrio de Nash”, si todos quieren ganar sin tener en cuenta a los demás, entonces pierden. Existe el equilibrio cuando se ponen todos de acuerdo sobre unas reglas y la estrategia

http://denuncien.com/banco-pastor-el-peor-banco-de-espana.html

http://www.elpais.com/articulo/economia/Banco/Pastor/tiene/problemas/ladrillo/cajas/elpepueco/20110302elpepueco_5/Tes

Nota: 1) Felizmente existe una creciente corriente de inversores, significativa pero minoritaria si la comparamos con los astronómicos movimientos financieros contemporáneos, que ponderan sus opciones de inversión con criterios sociales y ambientales

http://opinionsur.org.ar/Salir-de-la-crisis-hacia-un-mejor


Propuestas para salir de la espiral infernal de la deuda

A menudo los pueblos en estado de choc por una crisis que aprieta, que desmoraliza y que no se entiende bien (a ello contribuye la desinformación mediática al servicio de partidos e ideologías) se aferran a un clavo ardiendo, a “malo conocido”.   Los cambios infunden temor y, por poco que se tenga, la gente teme perderlo todo. En toda Europa los partidos de extrema derecha o xenófoba progresan de manera imparable recordándonos periodos sombríos no muy lejanos, consecuencia de la crisis de los años treinta.
Impera desde mayo de 2010 el espíritu de Munich. En septiembre de 1938 Chamberlain volvía de su entrevista con Hitler en Munich con un tratado que según pensaba garantizaba la paz permitiendo a Hitler su expansión y rearmamento. En aquella ocasión Churchill escribió a Chamberlain: “Podía escoger entre el deshonor y la guerra usted ha elegido el deshonor y tendrá la guerra”.

  Del mismo modo los Estados decidieron capitular frente a los mercados cuando estos empezaron a especular sobre la deuda soberana de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). Eligieron el deshonor ya que países con gobiernos de “izquierdas” decidieron adoptar políticas antisociales y laxas con el sistema financiero y los millonarios de sus respectivos países para apaciguar a unos mercados ávidos de dinero fresco tras la debacle financiera de 2008, y al tiempo, desmontando los sistemas sociales librando sus sectores estratégicos y vitales a los intereses privados del gran capital.
 Como vemos desde mayo del año pasado también tienen la guerra porque lejos de apaciguarse, los mercados no piensan soltar a su presa social y llevan a Estados soberanos a sacrificios sin límite, en una espiral demoledora que al tiempo agravara los problemas de deuda llevando a las economías Eurolandia a la catástrofe con una bancarrota generalizada. Grecia no está mejor ni peor que otros países de la zona euro y representa tan solo el 2% del PIB europeo y, no obstante al ser el país más vulnerable por ser más pequeño está poniendo en jaque el edificio europeo que tanto ha costado construir. Es el talón de Aquiles de la fortaleza Europa y el riesgo de bancarrota es real. Un escenario de horror según el gobernador del Banco de Francia. Algo que han entendido los depredadores de la finanza empeñados, por un lado en sacar la mayor tajada con las deudas soberanas PIIGS y por otro distraer la atención de cerdos más apestosos si cabe por sus deudas colosales que son Gran Bretaña y Estados Unidos.

 Existen no obstante diversas maneras de salir de este círculo infernal y destructor. La solución más fácil sería la de solidarizar las deudas  por medio de la emisión de eurobonos y armonizar la fiscalidad Europea con un  aumento de los ingresos y luchando contra la evasión, el fraude y los paraísos fiscales.  También habría que regular la banca y prohibir entre otras cosas las apuestas sobre las fluctuaciones de los precios, los contratos de futuros, ventas desnudas, etc… Pero esto es otro tema.

Un apunte relativo a las compras desnudas de CDS. Son la principal herramienta especulativa contra la deuda soberana. Funciona de la siguiente manera: Si me llamo Goldman Sachs o Deutsche Bank y decido que la deuda soberana de Grecia se eleve para sacarle mayor rentabilidad y dispongo de unos cuantos cientos de millones de dólares o euros, me basta con aumentar de forma ficticia (agencias de rating, demanda abundante) el valor de los CDS (aunque no tenga bonos griegos, de ahí “desnuda”) para que mecánicamente suba o baje según mi conveniencia (según si soy comprador o vendedor) el interés de la deuda.
Europa y sobretodo Alemania, no están por la labor de regular. Fue Alemania la que pidió la libre circulación de capital fuera de Europa y sus bancos los que contienen más activos tóxicos de la eurozona que van reemplazando, compensando por deuda soberana. Pues bien, si Europa no se muestra solidaria nos queda la opción (o la obligación) de salir del euro y declarar “default” (o reestructurar la deuda previa auditoria eliminando la deuda especulativa e ilegitima).  Es necesario para evitar la devaluación interna, más dolorosa para el pueblo. Salir del Euro
Para aquellos que digan que habrá huida de capitales o que sera el fin del mundo les diré que si capitales hay, de poco sirven como estamos viendo estos dos últimos años si no es para especular contra el mismo Estado. La devaluación aligerara mecánicamente el peso de nuestra deuda y nos volverá interesantes para el turismo o la producción industrial ya que nuestros costes serian mas bajos sin que por ello los trabajadores pierdan poder adquisitivo porque se les podrá aumentar mas fácilmente el salario mientras esté sujeto a la inflación (ya era este el caso en tiempos de la peseta). No creo que haya una devaluación brutal de la nueva moneda porque ello no interesaría a nuestros acreedores si quieren recuperar por lo menos parte de su dinero. Con el tiempo la inversión privada y publica volverían, pasado el primer sobresalto y estabilizadas las cuentas publicas y privadas gracias a la tutela del crédito por parte del Estado, previo paso a una socialización bancaria. Para dar estos pasos hará falta sin duda gobernantes valientes y bien asesorados. Sera posible entonces un retorno a una forma de meritocracia en que los mas preparados gestionen el país con independencia de ideologías y con cierta reversibilidad (si algo no funciona se da marcha atrás). Esta es, me parece, seria la salida mas digna de una situación que de seguir degradándose al ritmo actual, nos llevaría al caos mas absoluto.
 
 
 
 
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About hilde2008

Pintora Autodidacta Siempre he experimentado la vida como una sucesión de etapas existencialistas no exentas de sus inherentes crisis, y me ha dado curiosidad indagar en todos los ámbitos de la experiencia humana para comprenderme mas a mi misma y a los demás. Cualquier experiencia negativa me llevó a esta búsqueda aunque siempre supe que dichas experiencias las estaba creando yo, la mayoria de las veces, porque " el lado oscuro " era demasiado enigmático y deseaba investigarlo, el inconsciente rige a su manera. Por otro lado..: No soy una Maestra señor Maestro... No soy un ser hiperevolucionado, esas cosas tienen el riesgo de que uno acabe sufriendo por poseer un ego inflaccionado. Sigo mi ruta intentando no desconectarme demasiado y este era y ha sido siempre mi propósito desde que recuerdo...Lo que hoy defenderia y lo que hoy rechazaria es lo mismo que cuando tenía 15 años pero entonces la oposición a cualquier manifestación crítica e innata contra la inercia establecida del absurdo no tenía voz ni nombre en plena transición, y menos en una mujer..mucho menos en una niña. Lo siento por los Sacerdotes de la Panacea Eterna, siempre he caminado en solitario y si alguien me acompaña lo doy por bien venido pero es dificil que vaya a gustarle a todo el mundo y ni lo pretendo..Si alguien se siente molesto ..." al que le pica es que ajos mastica "...Mejor que haga como Aznar : ignorar al menos aparentemente.. Me inspira todo el mundo y todos somos copartícipes de todo. En este blog hay mayoritariamente enlaces que me he atrevido a publicar, si alguien se siente molesto no tiene mas que decirlo y lo borraré. Dichos enlaces y referencias de y a los mismos no implican que yo " comulgue " al 100% con todo lo que se expone, algunos plenamente y otros son simples noticias que me parecen de interés. A veces creo mas en los silencios que en las palabras así, quien me conoce, sabe lo subliminal que se puede esconder de mi propia " persona "( persona viene del griego y..) tras todo ello. No estoy afiliada a ningún partido político ni me identifico totalmente con alguno en concreto, no pertenezco a ninguna secta minoritaria ni mayoritaria como las múltiples iglesias porque Iglesia somos todos como hacienda somos todos aunque tal vez no equitativamente... Por ello gracias a todos los que de una forma u otra hacen posible la libre expresión.
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